viernes, 28 de marzo de 2014

un viaje al misterio andino




Calle De L as Brujas

Introducción

La Paz es un escenario de múltiples historias, donde el mito y la leyenda perviven en calles, avenidas, zonas y lugares. Uno de estos escenarios místicos es el mercado de Las Brujas, que comprende las calles Santa Cruz, Illampu, Linares y Sagárnaga.


En este mercado se encuentran todo tipo de amuletos y objetos tradicionales, que pueden ser comprados como remedio para los males. Plantas curativas y protectoras, artículos de lucha contra los malos espíritus presentes en la cosmovisión aymara, así como fetos de llama usados para proteger las casas nuevas, están todos en exposición y a la venta junto con otros objetos. 



Historia De La Calle De Las Brujas 

A cuatro mil metros de altura, las ruinas de Tiwanacu desafían al tiempo, mudo testigo de uno de los imperios más grandes de la humanidad.  
El origen de esta ciudad y el recuerdo de su pasado distorsionan la misteriosa desaparición de los llamados ‘hijos del Sol’.   

Sin embargo, no todo ha muerto, ya que desde esa misteriosa tierra se trasladaron hasta la metrópoli, junto con la fe religiosa del conquistador español, las creencias y el misticismo del hombre originario de estas tierras, que hoy se encuentran entrelazados en la llamada Calle de las Brujas, donde pervive aun el culto a lo desconocido.  
En una estrecha y empinada callejuela, empedrada y sin aceras, formada por vetustas y deterioradas casas, esta situada la Calle de las Brujas, en el casco antiguo de la ciudad de La Paz y a espaldas de la Iglesia de San Francisco.

Una calle donde uno entra y viaja, a través de sus tiendas, por la vida ancestral de los pueblos originarios. Visita sus culturas y costumbres, herencia de generaciones pasadas.
Como un regalo a los sentidos, este tramo de la calle Linares huele a devoción por la Pachamama, acaricia la vista con un universo de tentadores tejidos y estampados artesanales, nos llena el alma con los sabores que ofrecen cafés y restaurantes. Es la calle preferida por los turistas
Como Roberta, una paulista que con su simpático ‘portugol’ y algunas artesanias recien compradas en la mano, cuenta que vino a La Paz para saber que había en la “Ruta de las Brujas”, de la que tanto le hablaron en Brasil. Ahora
Se observa los canastillos cargados de amuletos, las velas y talismanes a la venta, cada uno con una misión específica para la vida del comprador. 
Disfrutando su propia curiosidad, Roberta atiende a la explicación de Viviana, la dueña de la tienda. “Vendemos objetos de brujería, según la mirada occidental”, dice la mujer de pollera. 

“Son regalos que le damos a la Madre Tierra, ella nos devuelve bondades. Una de las ofrendas que más llevan los turistas y curanderos es ‘la mesa’, que nos cuida la salud, el trabajo, el amor. Es para quienes la suerte no le sonríe”, concluye.
La fiesta de rituales se extiende durante todo el mes de agosto, pero el 1, 15 y 30 son días señalados para la presentación de las mesas y los sacrificios en las apachetas y La Cumbre, camino a Yungas.

Las ‘mesas’ son una mezcla de hierbas secas que se queman para atraer la buena suerte y los favores de la Pachamama, la Madre Tierra en la cultura aymara y quechua.

Existen dos tipos de mesas: las blancas y las coloridas (por los símbolos que contienen y es donde se colocan una serie de objetos como el coa, el titi y el killi,  amuletos de la buena fortuna, alcohol, para que no falten las bebidas espirituosas y el sullu, un feto de llama,

para la abundancia, que es envuelto con papel dorado y plateado y luego cubierto con lana blanca o de colores.

No debe faltar una nuez. Cuando la semilla es descubierta, si sale en forma de sapo y es carnosa, es señal de prosperidad, si tiene otra forma, mejor prevenir pues es signo de mal augurio. 
Algunas mesas son preparadas a la vista del cliente. “La mayoría de los comerciantes tienen trabajos a domicilio y pedidos especiales, pero eso no significa que exista monopolio de los saberes ancestrales, sino que revela la necesidad y la dependencia que tiene la gente para creer en la Pachamama”, comenta la vendedora Lidia Acarapi.
Raíces, tallos, hojas, flores, musgos o cortezas se encuentran en la Calle de las Brujas en preparaciones de las que se dice curan toda clase de males. 

Los nombres de las plantas suenan a misterio: tojlolo, huairuro, curucuru, coa, huillca, lampaya, tillicoa, pupusa, tikacoa, aluzema, chijchipa, keakea, chachacoma, airampo, huirahuira... o unos espinos llamados amor seco.  

Pero si los nombres de las plantas en idioma aymara o quechua no son reconocibles, todos conocen las enfermedades que se supone que curan: cáncer, presión alta, gripe, diabetes, infecciones respiratorias, acné.

La “medicina natural”, que es como designan las supuestas brujas a sus pociones hechas con hierbas, se ha mezclado con la bioquímica y se ha lanzado al mercado usando nombres que combinan distintos idiomas y saberes. 

En la Calle de las Brujas, magia y artesanía andina se traducen en remedios para el cuerpo y el alma, para recordarnos un poquito de dónde venimos y orientarnos en el camino.


Vive, disfruta y llévate momentos inimaginables con:

Centro Cultural Museo San Francisco La Paz - Bolivia




El recorrido comenzará en el museo de la iglesia de San Francisco que se ubica en pleno centro paceño, al finalizar la avenida Mariscal Santa Cruz esquina Sagárnaga. La entrada tiene un costo de 10 Bolivianos para nacionales y 20 Bolivianos para extranjeros. Un guía turístico se encarga de mostrar el museo y la iglesia, relatando la historia de la misma.

La iglesia fue construida el 02 de Agosto de 1549 por el Fray Francisco de los Ángeles. Es una obra Maestra del Barroco Mestizo. El templo y el convento fueron construidos con piedra labrada. A principios del siglo XVIII una nevada destruyó el templo. El templo y el convento actuales, también construidos de piedra labrada, datan de mediados de dicho siglo. La fachada de la iglesia de San Francisco corresponde al estilo barroco.
En 1743 se comenzó a construir la nueva iglesia y convento. La torre fue construida en 1885. El interior también de estilo barroco, tiene una planta de tres naves, separadas con bóveda de cañón y cúpula de media naranja, con cuatro ventanas. Se terminó en 1753; la construcción duró 40 años; su retablo es famoso por su tallado en pan de oro. La iglesia también cuenta con una pinacoteca que presenta una valiosa colección de obras artísticas: renacentistas, barrocas, mestizas, neoclásicas. En 1885 se inicia la construcción de su única torre. 
En 1948 es declarada Basílica  menor. Entre 1950 y 1960 se demuele el convento y se reconfigura el atrio. Entre 1965 y 2005 se procede a la restauración de la Iglesia y el Convento; y parte del convento es habilitado como museo.

Este museo es muy interesante porque guarda varias reliquias de la ciudad, en el recorrido se puede ingresar a la cripta de la iglesia, en la cual se encuentran los restos de varios héroes de la historia nacional como Eduardo Abaroa, Pedro Domingo Murillo, José Ballivian, y de varios Héroes de la revolución del 16 de julio de 1809. También se encuentra en la parte superior del museo la campana con la que los franciscanos llamaron a los indios para que se sumen a la revolución, ésta campana se la conoce como la “campana rajada”.

El museo tiene un claustro en el que los franciscanos se quedaban a hacer oración por el tiempo que ellos deseaban, hasta incluso morían allí adentro.
También se ve en uno de los ventanales que da a la calle, la rajadura producida por una bala lanzada en la Revolución del año 1952, al finalizar se puede recorrer la parte superior y el campanario.
En resumen, visitar este museo me llevó a hacer un recorrido imaginario por la historia boliviana, por todo lo que guarda, la iglesia es una de las más importantes de todo el país por lo que es imprescindible conocerla cuando uno visite la ciudad de La Paz, por su historia, belleza y significado.
                                         La Calle De Las Brujas”

Luego de hacer una visita al museo de San Francisco, nos dirigíremos a la calle Linares, mas conocida como la calle de las brujas, ubicada entre las calles Sagárnaga y Santa Cruz. Esta calle es única para los turistas porque tiene una mezcla de magia y realidad, se pueden encontrar artesanías de todo tipo, hierbas medicinales, amuletos de la buena suerte, mesas para ofrendar a la pachamama ( madre tierra) , también se encuentran fetos de animales que según dicen, sirven para hacer rituales y atraer a la buena suerte. Los fetos de llama disecados se tienen que enterrar debajo de la tierra en las construcciones de edificios es lo que dicen.
Es por esto que la calle atrae tanto a los nacionales como a los extranjeros, también se pueden ver varios cafés, galerías, tiendas de ropa autóctona, agencias de viajes y hospedajes.  Si una persona se acerca a las vendedoras, puede pedir amuletos o mesas (mezcla de hierbas secas y otros ingredientes que se queman) para diferentes tipos de requerimientos como ser para la salud, amor, dinero, etc. Existen "yatiris" o brujos que leen la suerte en puestos que parecen clandestinos, pero según la gente, éstos son buenos, pueden leer la suerte en coca o naipes.
Las curanderas venden hierbas de todo tipo, que curan toda clase de males.
Es uno de los paseos más recomendables para los turistas, no se arrepentirán de haber visitado este lugar.




Plaza Eguino



Considerada la primera heroína de la República nació en La Paz el 3 de abril de 1785; a la muerte de sus padres, fue criada por su hermano Pedro Eguino, quien la formó en los ideales y sentimientos de libertad.




Luego de visitar  la calle de las brujas no dirigiremos directamente a  la plaza Eguino a la cual se van aplicando varis leyendas urbanas e historia  donde la misma mujer es una heroína en la ciudad de la paz 


La heroína paceña Vicenta Juariste, considerada la primera heroína de la nueva República, heredó una cuantiosa fortuna, que puso al servicio de la causa emancipadora; contrajo matrimonio el 5 de agosto de 1799 cuando apenas contaba con 14 años, con el español oriundo de Mérida, Rodrigo Flores Picon, ayudante Mayor de Plaza, quien además compartía los ideales de libertad de su esposa.
Juariste Eguino, instaló en su propio domicilio una fábrica de armas para que fueran empleadas en la Revolución de La Paz del 16 de julio de 1809; vistió, equipó y gratificó económicamente a los soldados del batallón comandado por su hermano que, como parte integrante del ejército independiente de Castelli, venció en la Batalla de Suipacha.
Su casa fue el centro de varias reuniones clandestinas de los patriotas. Poseía una elocuencia admirable, arengaba a la tropa animándola a luchar y sacrificar la vida por la libertad y la emancipación de América.
En una ocasión, cuando los indios de Sapahaqui se dirigían a Caracato a degollar a las familias españolas que se habían refugiado en ese lugar durante el estallido de la revolución paceña, doña Vicenta se dirigió a caballo a dar encuentro a los indios y hablándoles en su idioma los convenció de deponer esa actitud, logrando que volvieran a su Cantón donde los dotó de recursos y víveres.

Esta oportuna intervención, la hizo acreedora de la gratitud de la población española de La Paz, cuyos jefes abogaron por ella en dos ocasiones: una, cuando fue condenada a seis años de presidio después de haber sido sofocada la revolución de La Paz por Goyeneche, logrando que la pena fuera conmutada por el Gobernador Juan Ramírez, previa exigencia de una cuantiosa suma de dinero en efectivo y de vestimenta para el batallón de la reina; y la segunda, cuando en 1816, después de ser denunciada y perseguida por la tropa de Ricafort, fue recluida en un calabozo y posteriormente condenada a muerte.

La intervención de varios jefes realistas logró que la pena de muerte fuera conmutada por una elevada sanción pecuniaria y el destierro perpetuo a Cuzco. Sin embargo, cuando se dirigía al destierro, fue logrado el indulto y la restitución de los bienes que le habían embargado.
Cuando en 1823, el entonces Gral. Andrés de Santa Cruz, llegó al Alto Perú, procedente de Lima, doña Vicenta acudió a su encuentro en Laja, acompañada de sus hijos José y Félix y varios de sus colonos para ofrecerlos “para que tomen las armas en defensa de la independencia de América”.
Después de concluida la guerra de la independencia hispanoamericana, el 18 de agosto de 1825, llegó a la ciudad el Libertador Simón Bolívar quien fue apoteósicamente recibido por la población en un acto celebrado en el ingreso de la ciudad donde doña Vicenta Juariste Eguino pronunció un sentido discurso de gratitud al Libertador y le entregó las llaves de la ciudad.
En los años siguientes, esta heroica mujer se retiró a la paz de su hogar hasta el 14 de marzo de 1857, fecha en que falleció, recibiendo solemnes honras fúnebres por el gobierno del General Jorge Córdova y de toda la población civil, militar y eclesiástica.


Calle Jaén





Por ultimo nos iremos a la  calle Jaén, una de las más famosas de la ciudad, éstas se encuentra en todas la guías de viajes porque es uno de los atractivos más interesantes de todo el país. En realidad es más una especie de pasadizo, el que se encuentra en el casco antiguo de la ciudad, en la zona norte, entrando por la plaza Riosinho.

La calle en realidad se llama Apolinar Jaén, y debe su nombre a uno de los mártires de la Revolución del 16 de julio de 1809, este señor era Orureño. Originalmente el callejón se llamaba Cabra-Cancha, el cual desde siempre fue famoso por ser tenebroso por las apariciones constantes de seres y fenómenos sobrenaturales (fantasmas, duendes, almas en pena, ruidos infernales de carruajes tirados por caballos y cadenas arrastradas por el suelo).
Pero, sobre todo, resaltaba la presencia de una viuda condenada que seducía a todos los hombres que se recogían borrachos en altas horas de la noche y que al día siguiente aparecían muertos en el piso. Entonces, los vecinos de esta calle, herederos de una arraigada fe católica, decidieron colocar la "Cruz Verde" para ahuyentar a todos estos seres malignos que les daban miedo, aunque hoy se siguen contando esas historias y al pasar se siente ese misterio, yo me acerqué a una señora, dueña de una tienda en plena calle, ya que por ser Domingo todos los museos de la calle sólo abren hasta las 13 horas con excepción del museo de Instrumentos musicales, dicha señora Carola Aliaga muy amablemente atendió a todas mis inquietudes contándome esta y muchas más historias, confieso que me dio un poco de temor pero me parecieron maravillosas todas esas narraciones
Hoy en día, la calle Jaén, pasa por ser una de las más bonitas de la ciudad de La Paz, con gran cantidad de museos, entre los que destaca:
Ø Casa Museo de Pedro Domingo Murillo, mártir de la revolución de 1809
Ø Museo Costumbrista Juan de Vargas que muestra maquetas con los eventos históricos y las costumbres del país
Ø Museo del Litoral Boliviano, es un testimonio de la guerra que nos costó el mar
Ø Museo de Metales Preciosos Precolombinos Contiene piezas manufacturadas en oro plata de diferentes culturas precolombinas como la Chiripa, Mollo, Aymara, Tiwanakota, Inca;
También se encuentran cafés para extranjeros como el Etno, que es famoso por una bebida llamada Ajenjo, que es de color verde y según cuentan al tomarla la persona tiene alucinaciones.
Lo que más llama la atencion a las personas es  todas las casas conservan el estilo colonial, es una de las calles más antiguas de la ciudad que se mantienen intactas.